La Periferia insaciable la acosa, la tironea, y dele que te dele, le inflan los ovarios al límite del estallido. Imaginénse, ustedes que la conocen, la furia que María Aurelia transpira, la berborragia que escupe y los vómitos de hiel que lanza. Entendamos esto, María Aurelia Estás Descontrolada es talibana y de zona sur, o sea, cualquiera que se tomó un 318 o un 79, sabe que se banca mas de una mano en la nalga. Pero María Aurelia está de vuelta y ahora si le respiras feo al oído te mutila el miembro.
Y ella venía con ganas de contar otras historias, no de bajar la guardia (eso jamás, eso sería herejía), pero de relajar y descontrolarse desde otros lugares. Y no. No puede. No la dejan; y no por falta de permiso (porque sabemos no lo necesita) , si no por los atrevimientos de algunos locos, los abusos de mamertos, las historietas de algún torito enfermo que quiere llamar la atención, en fin más y más imbéciles, tratando de cruzarla de la línea. Detalles que María Aurelia no puede obviar, indefectiblemente la obligan al ataque, en fin la sangre que corre por las venas, la defensa del descontrol......... Así las cosas, María Aurelia que jamás se saca las botas, se acomoda la metralleta. Y arranca.
Sepan que absurdamente quisieron contarle un cuento a María Aurelia (increíble, sisi, un atrevido). Un cuento de un lobo con sus lobitos, dos vacas gordas y La loba salvadora. Nanananana (un osado, o un boludo; al hoy, una incógnita). Había en el cuentito del Lobo conexiones mágicas, coincidencias locas, hechos fortuitos, luz loca, el amor amor, que ronroneaba en el aire (parece que el lobo curtía de la misma que Cris Morena). Y María Aurelia escuchaba tragando su Cohiba, casi otra falange en su mano; y embebida en su stella, siempre atenta a cada frase melosa copiada de alguna novela boliviana de bajo presupuesto, (siempre lista con la metralleta sin seguro, porsis), escuchaba y se imaginaba como dibujar el cuentito del lobito ( boludito el lobito), María Aurelia que no permite ofensas dejo jugar al lobito con el cuentito. En esos momentos donde sólo Ella tiene el don de transformar en placer sin igual esta blasfemia, cuando sonríe internamente desde adentro sin que se le note por fuera, cuando se vuelve enorme e invulnerable. Descontrolada María Aurelia, ahí atacó al lobito. Certero y efectivo ataque, para que desgastarse, si al fin la había divertido humillándose el enfermito. Rápidamente y ya transformado en rata pedía clemecia, tarde pichón de basural, conociste a María Aurelia y a su lengua y de ahí no se vuelve ni lobo, ni rata..... no volves nada.-